CUANDO MI BÚHO ULULA

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En realidad, debería decir “mis búhos”, pues tengo varios, pero hasta ahora ninguno se había movido de la librería, de la mesa o del mueble en cuestión en el que se ubica habitualmente, pero es el caso que recientemente me fue regalado un búho ganchillero (es decir, de ganchillo), que causó furor por las redes sociales. Por si alguien lo ignora, y me consta que así es, el animalito se llama Bubu, y no, no es un ser inanimado ni me estoy volviendo loca, pues cuando digo que mi búho ulula, es que ulula, y, por cierto, también revolotea.

Se da el caso que el pobre animal se muestra últimamente algo confuso, pues alguien le dijo que según el diccionario, ulular significa dar gritos y/o alaridos; al menos, parece ser que es eso lo que pone en el diccionario. Supongo que un búho puede ulular en paz, sin meterse con nadie, sin que le acusen de dar gritos por la noche, y todo porque en el lenguaje coloquial los búhos ululan, siempre han ululado, y siempre ulularán.

Divagaciones aparte, en cuanto Bubu entró en la casa, y luego de saludar a los dos colegas de la librería y al de la mesa (espero no dejarme ninguno, si no, me matan), se dio una vuelta revoloteando por la casa. Para mi alivio, no soltó plumas, así que no tuve que pasar la mopa; la paso una vez cada varios meses, y me gusta que las pelusas que ruedan por los pasillos sigan así, como están.

Tras haber revoloteado, Bubu se instaló junto a la tele y cerró un ojo. Ignoro el motivo. Sin embargo, aquella noche, me metí a dormir tranquilamente pensando que iba a hacer eso, dormir, pues me sentía relajada y esas cosas, pero no fue así ni mucho menos: allá a la medianoche, cuando, según Mägo de Oz, las brujas toman el té, sonó un ululato, y por ululato entiendo el sonido que emite un ser que ulula, en este caso un búho ganchillero desde el salón de mi casa.

Obviamente, le dije que se callara, y, obviamente también, me mandó a hacer morcillas y me dijo que ululaba si le venía en gana, pues para algo era un búho. Tuve que darle la razón, así que se pasó la noche revoloteando y ululando.

En fin, tranquilos, la historia tiene final feliz, pues hicimos un pacto: él ulularía como hacen todos los animales de ganchillo, es decir, EN SILENCIO, y yo le haría todos los arrumacos que pidiera.

Uf, lo que cuesta mantener la paz en el hogar.

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Acerca de piligonzabar

Escritora que divaga habitualmente sobre misteriosos sucesos acontecidos en la vida real. Mi equipo de redacción y edición queremos advertirles que somos poco serios. Ver todas las entradas de piligonzabar

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