PELUSAS RODANTES

PELUSAS RODANTES

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Desde la esquina de mi humilde morada, oteando con maligna satisfacción, la tercera pelusa del día conspira sin duda alguna para perturbar mi desaparecida y ansiada paz. Lo malo no es que conspire, sino que consiga su retorcido propósito, es decir, perturbar mi paz.

Es inútil: escobas, fregonas, aspiradoras y mopas. Todo lo he probado sin éxito alguno. Nada importa el utensilio que emplee, pues ellas aparecen, una y otra vez, invencibles, imperturbables, victoriosas, impávidas.

Estoy cansada. Muy cansada. Quizá si cierro los ojos un rato, cuando los abra de nuevo descubra que ha sido solo una simple pesadilla. A lo  mejor, ya no están. 

Obviamente, de nuevo peco de ilusa. Ellas siempre estarán allí, con leves desapariciones esporádicas con el único propósito de hacer creer que has vencido. Pero no, nunca has vencido y nunca vencerás, porque ellas han firmado algún depravado contrato con algún maligno ser de alguna retorcida y demencial dimensión, donde el volver loca a la gente alegra a sus habitantes.

En el fondo, no son feas del todo. Concretamente, la que me mira en este momento desde la esquina tiene cierto aire a nube despeinada. Si no fuera por el decidido aire burlón, podría intentar convencerla de meterse de una maldita vez en el recogedor para poder echarla a la papelera, pero no, la dichosa pelusa se ríe, hasta se digna bostezar, como aburrida, mientras la persigo inútil y briosamente por toda la casa con la mopa. ¿Qué le costaría estarse quieta? ¿Por qué no acepta su papel en el mundo como objeto molesto, sucio e inútil, y se deja atrapar por los utensilios de limpieza?

Pues no. Parece absurdo esperar un comportamiento decente por parte de una pelusa pasillera. Pasillera y rodante, pues hace un rato estaba en el salón y juraría que está a punto de saltar hacia la cocina…. ¡Ajá, lo hizo! Sí, no  me he vuelto loca como insisten en afirmar mis detractores, acaba de saltar a la cocina e intenta refugiarse bajo la lavadora… Es como un gato, cabe por cualquier resquicio y encima parece que le guste lo de estrujarse para pasar por un espacio tan pequeño.

Bien pensado, ahí, quiero decir bajo la lavadora, no la veo. Si no la veo, es como si no existiera, ¿no? (No es preciso que nadie me conteste, me estoy preguntando sola). Por mí, puede quedarse ahí todo el día, riéndose, si eso la hace feliz, que yo me iré al pasillo de nuevo a investigar, no sea que alguna otra de esas dichosas y descaradas pelusas rodantes se haya refugiado en una esquina aprovechando que yo no miraba.

Acerca de piligonzabar

Escritora que divaga habitualmente sobre misteriosos sucesos acontecidos en la vida real. Mi equipo de redacción y edición queremos advertirles que somos poco serios. Ver todas las entradas de piligonzabar

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