EL INCREÍBLE HUEVO FRITO

EL INCREÍBLE HUEVO FRITO

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Recientemente rescaté esta foto, tomada en la Expo 2012 de Zaragoza, del baúl de los recuerdos, que es como llamo a un archivo en el que se amontonan diversas fotos… de otros tiempos. No sé qué será para los demás, para mí ese huevo falso tan realista era una obra de arte, y digo era porque ignoro si fue destruido o trasladado.

Probablemente escriba otro día algún relato sobre las maravillas del humilde huevo frito, del que se han dicho tantas cosas, sobre todo malas. Sin embargo, pocas cosas hay tan maravillosas como un huevo frito, y, desde luego, resulta admirable su capacidad de revolcarse con otros alimentos y salir victorioso.

Imagino que estáis salivando: huevo frito con ajos tiernos (ajetes, como dicen en mi pueblo); huevo frito con panceta; huevo frito con chorizo (o longaniza de Aragón); huevo frito con gulas (esto es más moderno); huevo frito con migas, si tienes mucha hambre; huevo frito encaramado en montículo (de arroz, de espinacas, de garbanzos…); huevo frito con morcilla (de Burgos o de piñones, todas me gustan); huevo frito con otros huevos fritos (si no tienes exceso de colesterol); huevo frito con filetes de lomo, con arenques, con lo que sea.

Lo importante es untar la yema. (Imagino que seguís salivando, o bien habéis ido ya a la nevera a por uno o dos huevos). El pan con el que se unte también es importante, y aquí también hay para todos los gustos, tantos como tipos de pan (no voy a enumerarlos, soy pesada pero no tanto).

Hum, qué rico… No sé que hago en el ordenador en vez de ir al frigo a buscar un huevo y algo con que acompañarlo, la verdad, no sé quién me manda escribir sobre huevos fritos a la hora de cenar.

¿Ya habéis untado la yema…?

Los huevos fritos, por si alguien no lo sabe, se inventaron de la siguiente forma: un granjero perseguía una gallina para que su mujer hiciera un caldo. Una vez atrapada la gallina, el buen hombre la acercó a la olla, que su mujer estaba engrasando con aceite mientras se lamentaba de haber echado demasiado (no es cuestión de desperdiciar aceite por engrasar las cazuelas). Al ver la olla, la gallina, horrorizada, soltó un huevo. El huevo cayó en la olla, la granjera le gritó al marido que si era tonto, el granjero le gritó a ella que por qué echaba tanto aceite, la gallina se escapó… Práctica como todas las granjeras, la de la historia atrapó el huevo dentro de la olla con una espumadera, le quitó los trozos de cáscara y se dispuso a guardarlo para unas croquetas o algo así, pero entonces su marido comentó que olía muy bien. La granjera estuvo de acuerdo, de modo que lo mordisquearon los dos, y decidieron que estaba bueno. O, al menos, que lo estaría con un poco de chistorra (eran navarros). Y esa es la historia del huevo frito, manjar donde los haya, elemento humilde ampliamente criticado pero ampliamente consumido.

Definitivamente, me está entrando hambre. Hala, voy a jalarme un huevo frito.

Acerca de piligonzabar

Escritora que divaga habitualmente sobre misteriosos sucesos acontecidos en la vida real. Mi equipo de redacción y edición queremos advertirles que somos poco serios. Ver todas las entradas de piligonzabar

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