ABUELOS, GATOS Y LAGARTIJAS

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Espero que nadie se ofenda por haber metido en el mismo saco a la tercera edad, a los mininos y a las lagartijas; como todo el mundo supondrá, no tengo nada en contra de ninguno de ellos, todo lo contrario, me parecen seres bastante listos, como a continuación explicaré.

Estos tres grupos de seres tienen bastante en común: mientras el resto de la humanidad vamos al supermercado, compramos viandas, las ingerimos, las digerimos y las convertimos en energía vital para nuestras células, ¿qué hacen estos seres? Pues está muy claro: aprovechan la energía directamente del sol. Obviamente, es más sencillo, más limpio, más ecológico y, desde luego, mucho más inteligente que tomarse unas lentejas y una merluza en salsa verde.

La energía del sol, como todo el mundo sabe, cae del cielo y llega a uno, en mayor o menor grado, de forma gratuita, por así decir. Quitando los tejados con placas solares y otros inventos, aún no se conoce ser vivo más inteligente que la planta, así, a secas, ya sea lechuga o crisantemo, pues coge la energía del sol y ¡hala! a chutar. Habiéndose percatado de esto, las lagartijas y los gatos hace milenios que se benefician de esta limpia y ecológica energía, pasando mucho tiempo avituallándose y asimilando alegremente sus beneficios. Como siempre, el ser humano es algo lerdo en lo que a misterios de la naturaleza se refiere, por lo que tiene que llegar a la tercera edad para captar directamente la energía vital del astro rey.

La pregunta, llegados a este punto, es: ¿y qué hay de la gente que toma el sol en la playa? Cualquier dermatólogo hablaría largo y tendido sobre los excesos del sol tomado a discreción sobre una toalla sin moderación. Sin embargo, nuestros inteligentes abuelos solo exponen sus rostros y sus brazos, evitando quemaduras siniestras. Las lagartijas, también bastante astutas, cuando adquieren temperatura se refugian bajo una piedra hasta que necesitan más energía. En cuanto a los gatos, es de todos sabido que su capacidad de acumular calor es superior a cualquier invento conocido; todo hemos visto gatos encima del radiador sin quemarse, pero, si los tocamos, lo único que conseguimos es un ardiente calambrazo.

Pues sí, ha llegado el buen tiempo (al menos aquí, en Zaragoza, lo siento por lo que viven en el Polo), y por todos los bancos de la ciudad se ven abuelos asimilando energía solar y vitamina D. Obviamente, las lagartijas prefieren pedruscos algo más apartados del mundanal ruido. Los gatos aprovechan cualquier tapia y también gustan de los bancos. A fin de cuentas, solo hay que cerrar los ojos y dejarse llevar.

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Acerca de piligonzabar

Escritora que divaga habitualmente sobre misteriosos sucesos acontecidos en la vida real. Mi equipo de redacción y edición queremos advertirles que somos poco serios. Ver todas las entradas de piligonzabar

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