CUANDO LOS PELUCHES HABLAN

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Pues sí, desde los tiempos inmemoriables es sabido que los peluches poseen el conocido don de la palabra. Puede que los perros ladren y los gatos maúllen, pero, desde luego, los peluches hablan. De hecho, siempre han hablado. Otra cosa es que se les escuche, hay gente con la mente muy cerrada por ahí.

En mi mansión habitan varios peluches; los de las fotos son algunos de ellos. El tigre se llama Sandokán, el gato asalmonado Ross y el perro sonriente, Bugui. Todos ellos son buena gente y lo único malo que se puede decir de ellos es que son algo vagos. Teniendo que en cuenta que los tengo para achucharlos, el que sean vagos solo es un leve inconveniente, más bien de tipo psicológico que otra cosa. Todos ellos son cariñosos, amorosos, suaves y aterciopelados, como se espera de un buen peluche.

Quizá alguien se pregunte qué conversación pueden tener unos peluches. Se sorprendería, sin duda, al oír sus variadas opiniones sobre las diversas cuestiones de la vida. Aunque, como he dicho, suelen hacer el vago, eso no quita que no lean libros y vean documentales en la tele. El hecho de que cuando yo vuelva a casa el fregadero esté lleno de platos sucios y la mopa completamente inactiva, no quiere decir que hayan estado ociosos del todo, de hecho, a veces me cuentan lo que ha pasado en Castle o en el CSI, pues suelo estar currando cuando echan series.

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Un buen peluche se deja estrujar y achuchar si protestar demasiado, cosa que no ocurre con las personas, que siempre están protestando. Siempre están sonrientes y felices. Lo único que necesitan es un buen lugar donde ubicarse. En mi mansión, por ejemplo, hay peluches en el sofá, encima de la tele, por las librerías, etc. No hay peleas entre ellos por dónde están colocados, solo ligeras y amistosas trifulcas por el sitio en el sofá cuando empiezan las películas.

Lo que la gente no sabe es que los peluches, además de hablar (algunos cascan sin parar todo el día y hay que decirles amablemente que se callen), son frioleros. Sí, parece raro empezar a hablar de facultades verbales y acabar aseverando que los peluches son frioleros, pero el caso es que lo son. Normalmente, en que ven una manta en el sofá se tapan con ella, y les gusta estar amontonados para darse calorcito. Debe ser algo así como los gatos. Los de carne y hueso, quiero decir.

En fin, si alguien ha tenido alguna vez alguna duda sobre si los peluches hablan o no, que se lea “Cuentos de una mente confusa” o “Desatinos varios”, donde se muestran abundantes pruebas sobre este hecho.

Rosstaza

Acerca de piligonzabar

Escritora que divaga habitualmente sobre misteriosos sucesos acontecidos en la vida real. Mi equipo de redacción y edición queremos advertirles que somos poco serios. Ver todas las entradas de piligonzabar

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