OSCURA OSCURIDAD

Apagón 2

Hubo un apagón y entonces me di cuenta de algo obvio: no veía tres en un burro. En los dos minutos y medio que tardé en encontrar una linterna que guardaba en el primer cajón del mueble bajo el televisor, me percaté de que mantenía los ojos muy abiertos.

Qué absurdo.

Mantener los ojos abiertos en la oscuridad supongo que es como estar con un paraguas dentro del mar; sin embargo, todo el mundo en la playa sale del agua cuando llueve.

Qué curioso.

Prosiguiendo con lo del apagón: cogí la linterna pero no la encendí, por lo cual ya habrá alguien que se esté preguntando la causa antes incluso de que yo acabe la frase.

Qué paciencia.

La cuestión es que me acerqué con la linterna apagada a la ventana. En el proceso, tropecé con la mesa de centro y  me clavé una de cuatro esquinas en una de mis dos piernas, tras lo cual opté por tantear ante mí para asegurarme de que el sofá, que tenía supuestamente delante, no me agrediera aprovechándose de la nocturnidad.

Aunque los sofás suelen ser blanditos.

A lo que vamos: alcancé mi objetivo, es decir, la ventana; subí la persiana y me asomé. Como ya supondrá el vulgo, era de noche, por tanto, no se veía nada. Como suele decirse, era noche cerrada. También como suele decirse, el apagón era general.

No había pues, luz. Creo que este punto ha quedado claro. Vaya, me dije, cómo se echa en falta la luz cuando no hay. Me acodé en la ventana y pasé olímpicamente de encender la linterna, pues abajo pasaban cosas entretenidas: a los cinco minutos de apagón, un montón de gente parecía divertirse yendo por ahí con la luz de los móviles a modo de linterna. Lo malo es que daba la sensación de que los iban a atropellar: desde arriba la luz de los coches parecía más bien escasa. Pasé en poco tiempo del regocijo ante lo inusual de la situación y lo peculiar que era ver, desde lo alto, haces de luz correteando de aquí para allá, a la preocupación más preocupadiza que imaginarse pueda, pues realmente ¡temía que alguien acabara atropellado!

No estoy muy segura, en caso de estar en la calle, de que me atreviera a cruzar en plena oscuridad por donde iba a pasar un coche. Sí, claro, diréis, qué tontería, los faros están para algo. Pues puede que lo estén, pero desde mi ventana los peatones con sus lucecitas de móvil parecían correr peligro.

Me olvidé de los viandantes cuando me entró otra preocupación: si el apagón duraba mucho, ¿estarían las viandas de mi nevera a salvo? ¿Se me estropearía algún alimento si aquello duraba?

Me tranquilicé a mí misma pensando que aquello no podía durar mucho. Y entonces me asaltó otra inquietud: ¡no iba a poder cenarme un huevo frito, tal y como tenía pensado!

Esto sí me preocupaba.

Maldita sea.

Con lo que me apetecía cenarme un huevo frito.

Y no,  no me daba la gana comerme otra cosa: ¡yo quería un huevo frito, y como no me pusiera a frotar dos palos no iba a conseguir fuego!

Lo mejor era olvidarme del asunto. Leería un poco o vería la tele.

¿¿??

No podía ver la tele. No suelo verla mucho, pero en fin, verla sin electricidad es un poco… eh… imposible, diría yo. En cuanto a leer… ¿con una linterna o con una vela? Solo de pensarlo se me irritaban los ojos.

Estaba claro que solo podía hacer una cosa: tumbarme en el sofá y meditar. Se supone que meditar ayuda a encontrar el sentido a la vida.

Me tumbé, me relajé, respiré…

Y entonces volvió la luz.

Vaya, ahora que había decidido que meditar era lo mejor que se podía hacer en la oscuridad más oscura.

En fin, mejor sería levantarme, bajar la persiana (no sin antes mirar abajo, no sea que hubiera cadáveres atropellados por la calle, en cuyo caso tendría que llamar a la policía, supongo) y dirigirme a la cocina para freír un huevo.

Pasar de la meditación al huevo frito puede parecer raro. Es más, da la sensación de que lo mejor que se puede hacer con luz es hacerse un huevo frito.

Bueno, para mí lo era.

Lo mejor que podía hacer.

En ese momento.

Acerca de piligonzabar

Escritora que divaga habitualmente sobre misteriosos sucesos acontecidos en la vida real. Mi equipo de redacción y edición queremos advertirles que somos poco serios. Ver todas las entradas de piligonzabar

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