HA LLEGADO LA PRIMA VERA

HA LLEGADO LA PRIMA VERA

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Pues sí, aquí aparece la gente por casa sin avisar y allá te las compongas. No sé de qué van, la verdad, no tengo sitio en casa para invitados y mi nevera está bastante pelada, solo tengo unos quesitos y unas lonchas de pechuga de pavo. Bueno, y un poco de leche desnatada, unos yogures, un par de cervezas… ¿Y qué os importa lo que tengo o no tengo en la nevera?

Como iba diciendo, viene la peña sin avisar, y, para colmo, la prima Vera tiene unos gustos bastantes distintos a los míos. Pero ahí la tienes, gritando ¡Hola!, ¿a que no me esperabas? en el portal de mi casa frente al video portero. Y yo, a topos.

—Hola, Vera —he saludado cuando ha subido a casa con una maleta tras ella.  Obviamente, no viene a tomarse un café, al menos, no solo viene a tomarse un café.

—¡Hola! ¡He venido en AVE!

Expreso mi entusiasmo por su viaje en AVE y posterior llegada a mi ciudad. Teniendo en cuenta que vive en Barcelona, le comento que coger el AVE siempre es una buena opción. Tras dejar la maleta en medio de salón y no querer un café por no ser lo bastante flojo para  sus gustos, le explico que me tengo que ir a trabajar y que ni siquiera he hecho la comida.

—No te preocupes —me dice mientras bebe su té verde. Afortunadamente, tengo siempre grandes remesas de té verde, blanco, rojo, negro, y otras varias infusiones que no me pongo a enumerar porque sería un poco tedioso—, me tumbaré en el sofá y me echaré una siesta.

—¿Y luego? ¡Llego a casa casi a las once de la noche!

—Bueno, bueno,  no te preocupes tanto… Veré la tele.

Me encojo de hombros. Veo tan poco la tele que siempre me asombra que a la gente le parezca un método de distracción. Yo me pego tres cuartos de hora haciendo zapping sin saber qué cadena poner hasta que me aburro y la apago. Pero en fin, de todo hay en la viña del Señor, dicen, supongo que se refieren a uvas buenas o malas, pero esto no viene al caso.

Me pongo a hacerme la comida mientras la prima Vera, sentada a mi vera, valga la redundancia, en una banqueta de cocina, comenta los diversos avatares de mis otros primos de Barcelona. Asiento distraídamente mientras volteo la pechuga de pollo en la sartén y los pimientos de piquillo (de Lodosa, voy a hacer propaganda del producto español por si alguien me lee, que ya pocos somos los que compramos pimientos, no vayan a arruinarse por falta de propaganda).

—Espero que no te haya sentado mal que haya venido sin avisar —comenta la prima Vera mientras saco la comida de la sartén. Ya me ha dicho que pasa de comer tan pronto y se ha negado a que le prepare algo.

—Mujer, mal, lo que se dice mal…

—Es que lo pensé de pronto y me dije que una visitilla sorpresa estaría bien.

—Sí, me alegro de verte —digo, más que nada porque Vera, con todo lo que yo considero sus extravagancias, es muy buena gente.

Se sienta a mi lado mientras como. No creo que a nadie le gusta que le miren mientras come, y yo no soy una excepción, de modo que le lleno la taza de té una y otra vez por tenerla entretenida mientras mastico pechuga de pollo con pimiento de piquillo.

—Te vas a atragantar, comes muy rápido. Ademas,  ¿solo vas a comer eso?

No contesto por no atragantarme. La verdad es que estoy comiendo deprisa para irme cuanto antes. En condiciones normales, no me importa charlar con mi prima de cualquier cosa, pero tengo que ir a currar y es difícil charlar mirando el reloj y masticando pechuga.

En cualquier caso, tanto té ingerido hace sus efectos diuréticos sobre la vejiga y Vera se va al WC para desaguar. Aprovecho para dejar el plato de cualquier manera en el fregadero e ir a cambiarme de ropa. Vera es capaz de seguirme al dormitorio y no me apetece que critique mi ropa (ella viste siempre muy floreada, de hecho, es la única persona que conozco que siempre lleva vestimenta floreada que le quede bien).

Por fin, dejo a mi prima Vera instalada en mi casa y me voy a trabajar, no sin antes repetirle que hay lentejas con jamón y restos de paella en la nevera. Ella dice que no tiene hambre pero supongo que, si no come, al menos cenará.

Resulta extraño, pero, al bajar a la calle me he dado cuenta de que estamos en marzo. La primavera ha venido y mi prima Vera se ha aposentado en mi salón. Qué curioso. ¿Alguien se había dado cuenta? ¡Tengo una prima Vera y estamos en primavera! Vale, puede que falten dos o tres días, pero los árboles están en flor y me pican los ojos y la nariz.

Tras este asombroso descubrimiento me voy a trabajar, y aburro a todos mis compañeros diciéndoles que tengo una prima Vera, etc, etc.

Cuando acabo de trabajar, llego a casa y entro con sigilo, por si se ha dormido o algo parecido.

La encuentro sentada en el sofá, ha encontrado mi arsenal de DVD. No le pega nada, pero está viendo El motorista fantasma. Aunque la he visto cinco o seis veces, me siento con ella.

—¿Has cenado? —pregunto.

—Sí, me he comido las lentejas.

—Estupendo  —contesto alegremente. Sentada junto a la prima Vera, me invade la paz y me olvido de lo cansada que estoy.

Acerca de piligonzabar

Escritora que divaga habitualmente sobre misteriosos sucesos acontecidos en la vida real. Mi equipo de redacción y edición queremos advertirles que somos poco serios. Ver todas las entradas de piligonzabar

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