BAÑERAS ATESTADAS

BAÑERAS ATESTADAS

Bañerafinal

Julio 2015.

 Zaragoza.

44ºC a la sombra.

Salgo de trabajar.

Me derrito.

Hace un calor horroroso y se me están fundiendo las neuronas. Esto en el supuesto de que me quede alguna neurona en buenas condiciones, hace años tenía dos o tres pero ahora ya no sé cuántas me quedan.

Las sandalias se me están pegando al asfalto, no hay nadie por la calle y yo voy pegada a la sombra, sin atreverme a salir de ella; el problema es que hay bastante camino que está a pleno sol sin sombra que valga. He visto un 44 en un termómetro y 43 en otro. Ninguno está en el sol, así que deduzco que es cierto. El aire me está quemando como si estuviera en un horno.

Me siento una pierna de ternasco.

Cuarenta minutos después de haber salido por la puerta del curro llego a casa. Afortunadamente, el portal está fresco. Llego a casa y me tiro en plancha hacia la nevera, sacando una botella de limonada y bebiéndome la mitad (la otra mitad, con el ansia, me la tiro por encima).

Tras beber, suspiro. Miro por el balcón y tengo la sensación de que las pobres plantas de las macetas languidecen igual que yo. Cosas de la vida, me digo, y me dispongo a darme una ducha.

A estas alturas a nadie le sorprende que yo sea una ilusa pretendiendo darme una ducha, así, como si tal cosa, en mi propia casa, sin tener ningún contratiempo.

Pues en fin, la cuestión es que tengo la bañera llena de espontáneos. Debería estar vacía, o, al menos, llena de agua, pero en lugar de ellos hay dentro varios habitantes felpudos de la casa.

Qué morro.

Lo de convivir con varios peluches irresponsables tiene sus inconvenientes, y lo de la intimidad es uno de ellos: no existe ninguna. Olvídate de la intimidad, privacidad, discreción. Están por todas partes y siempre en los momentos más inoportunos.

Y menos mal que se bañan juntos para ahorrar agua, pienso, antes de darme cuenta de que seguramente sea para jugar y chapotear en manada, ¡como las focas!

—¿Habéis acabado? —pregunto.

No voy a molestarme en escribir sus respuestas, ninguna es de mi agrado, aparte de que se supone que los peluches no hablan (una suposición muy tonta, por cierto); el meollo del asunto es que consigo expulsarlos de la bañera, creo que porque les doy pena, y salen al fin, envolviéndose en unas tropecientas toallas que han, obviamente, saqueado del armario.

Me han dejado el baño lleno de calor húmedo, pero no tengo ganas de perder las pocas energías que me quedan en enfadarme, así que me meto en la ducha mientras ellos se van, presuntamente, a ver la tele.

Qué alivio, pienso cuando consigo refrescarme, acabar mi ducha y salir sin más percances…

—¡Que alguien me traiga una toalla! —grito cuando salgo, pues se han llevado todas. Afortunadamente, me traen una enseguida y puedo secarme, vestirme y dirigirme a la cocina para comer algo. Sin embargo, se me ha ido el hambre con el calor y cojo más limonada. Me la  llevo al salón, pongo el ventilador, me tumbo en el sofá y pongo los pies en alto. En esta posición es difícil beber limonada, por cierto, pero lo consigo.

Es entonces cuando miro alrededor y veo los rastros de agua que los peluches han dejado por todo el salón, aparte de un par de toallas tiradas por ahí y un patito de goma encima de la mesa.

—Ya estáis dejando todo como los chorros del oro —gruño a los peluches, que están muy callados en el sofá pequeño viendo una película policiaca. Ninguno se ha acercado mucho a mí y se limitan a murmurar que luego lo limpiarán. Creo que les doy miedo.

Después de beberme la limonada, me temo que me dormí. Esto lo digo porque no tengo ni idea de cómo acabó la película y menos de quién era el asesino. Al despertarme, todo estaba recogido, lo cual contribuyó a mejorar mi humor. De hecho, recordé la pinta que tenían los peluches en la bañera, y me reí. Ya sé que es difícil reírse estando cansado y con calor, pero lo hice.

Acerca de piligonzabar

Escritora que divaga habitualmente sobre misteriosos sucesos acontecidos en la vida real. Mi equipo de redacción y edición queremos advertirles que somos poco serios. Ver todas las entradas de piligonzabar

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