TOSTADORA SALVAJE

tostadora 4

TOSTADORA SALVAJE

Pues sí, una tostadora puede resultar bastante salvaje, entendiendo lo de salvaje como agresiva y no como moradora de la selva amazónica.

Normalmente soy asaltada por peluches en mi propia casa,  lo de la tostadora es nuevo. Lo curioso es que se ha pasado muchos años siendo un simple elemento útil en mi cocina, muy apreciado, eso sí, pero sin instintos criminales (que se supiera). Es del dominio popular que, cuando la policía atrapa a un criminal, todos sus vecinos (no se ofendan los vecinos, es lo que parece visto desde fuera), se ponen de acuerdo para asegurar que el susodicho criminal era un amable y educado ciudadano. Según cuentan, los criminales pre-captura saludan en el ascensor, te ayudan con la compra y te sonríen cuando comentas que hace mucho calor. Bastante asombroso, solo por esto los ciudadanos corrientes ya deberían escamarse y avisar a algún poli de incógnito para que lo someta a vigilancia discreta pero exhaustiva.

Pues bien, mi tostadora nunca ha sido sometida a ninguna vigilancia, porque, ilusa de mí, no parecía necesitarla.

Pues la necesitaba.

Ir a hacerse un tostada por la mañana y que el aparato creado exclusivamente para tostar pan se enfurruñe y le arroje a una panes a la cara no  es muy agradable, pero si sucede una sola vez puede considerarse una casualidad del destino.

Como bien sabéis, no creo en las casualidades. Menos en el destino. El destino lo creamos a medida que avanzamos y yo debí crearlo diciendo en voz alta que la tostadora empezaba a estar vieja y algo roñosa por dentro.

Nunca se me ocurriría que un pequeño electrodoméstico se pudiera ofender tanto, qué barbaridad, debió guardármela hasta que me vio despistada, pues pasaron dos días sin ningún contratiempo.

Y entonces se encabritó.

La primera tostada me dio en el ojo.

Lo consideré, como he dicho, un accidente casual. Como el pan había caído al suelo, lo tiré y metí otra rebanada.

La segunda me dio en la nariz.

Entonces eché unos cuantos exabruptos que no considero adecuado reseñar aquí, pues podría haber algún menor de edad leyendo.

Metí una tercera y me aparté un poco.

No me valió de nada: el pan hizo una extraña cabriola y me dio en la oreja.

Empecé a sentir miedo y salí de la cocina. Tras meditar unos minutos, llegué a la conclusión de que la tostadora no podía tener inteligencia.

Lo cierto es que la tenía. Inteligencia quiero decir, por si alguien no me ha seguido.

Varios panazos más tarde capitulé.

Es algo que espero no volver a tener que hacer en la vida, me refiero a firmar una tregua con un aparato arrojador de tostadas a mala idea, pero lo hice. Le aseguré que no estaba vieja, que era muy útil, que la iba a limpiar en la medida de lo posible y que no iba a cambiarla por otra. Hasta me disculpé.

Los ataques cesaron.

Dios mío, lo que hay que hacer por comerse una tostada.

Acerca de piligonzabar

Escritora que divaga habitualmente sobre misteriosos sucesos acontecidos en la vida real. Mi equipo de redacción y edición queremos advertirles que somos poco serios. Ver todas las entradas de piligonzabar

2 responses to “TOSTADORA SALVAJE

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s