MANTAS CON CHISPA

Leopardo en  la manta

 

Estaba yo haciendo la cama el otro día cuando recibí repentinamente varias descargas eléctricas de baja intensidad. O sea, que recibí varios chispazos. Los que leyeron mis vicisitudes con el colchón en “Colchones giratorios” estarán pensando que las mantas estaban enfadadas conmigo con algún misterioso motivo y que iban a recriminarme algo, pero nada más lejos de la realidad. En primer lugar, y como todo el mundo sabe, las mantas no hablan. En segundo lugar, carecen de sentimientos.

Ahora bien, ¿qué estaba sucediendo? Pues se trataba de un problema de electricidad estática, que es eso que te pone los pelos de punta justo cuando has quedado a cenar con un mozo de buen ver, pareciendo una loca y estropeando la velada.

La dichosa electricidad estática se define en diversos diccionarios como “Electricidad que aparece en un cuerpo cuando existen en él cargas eléctricas en reposo”. Obviamente, las susodichas cargas eléctricas dejan de estar en reposo cuando deciden darte un chispazo, no por fastidiar, sino por aquello del principio de equilibrio que indica que todo exceso trata de compensarse naturalmente descargándose como buenamente puede, lo cual, por si alguien no me ha seguido o piensa que no se entiende ni torta, se resume diciendo que las  mantas están cargadas de electricidad y que se descargan de la única manera que saben: dando chispazos.

Mis mantas de leopardo no tienen la culpa de ser de fibra sintética, lo sabía cuando las compré y nadie me engañó. Son bonitas, calentitas y esponjosas, y no pienso cambiarlas. Así que me pasé una hora mirando por Internet y seleccioné un par de trucos para des-chispearlas. Bueno, la verdad es que los consejos que daban eran muchos más, pero lo de ventilar ya lo hago habitualmente y otros consejos no me parecían prácticos.

Al parecer, la baja humedad genera electricidad estática. Debe ser por la calefacción, así que humedecí el cuarto con agua, no echando cubos de agua a diestro y siniestro, sino por medio de un pulverizador de los de las plantas, básicamente  porque pasaba olímpicamente de poner otro trasto más en el dormitorio, me refiero a un humidificador.

El siguiente truco consistía en pasar algo metálico por el tejido chispeante: una cuchara, una percha metálica o algo así para transferir el exceso de electricidad. Leí que frotar con papel de aluminio la ropa iba bien, pero como había aumentado la humedad relativa de la habitación con el flus-flus  pensé que ya estaba el asunto solucionado, y, efectivamente, ya no sufrí calambrazos ni vi chispitas. Me reservo  lo del papel de aluminio para la próxima vez.

Uf, lo que hay que hacer por unas mantas. Insisto en que son muy amorosas, te envuelves con ellas y te olvidas del mundo.

Claro que ahora tengo otro problema…

¡He perdido mi leopardo de peluche!

 ¡No lo encuentro!

¿Alguien lo ha visto?

Acerca de piligonzabar

Escritora que divaga habitualmente sobre misteriosos sucesos acontecidos en la vida real. Mi equipo de redacción y edición queremos advertirles que somos poco serios. Ver todas las entradas de piligonzabar

One response to “MANTAS CON CHISPA

  • José Ramón González Escalada

    Una gozada. Empiezo a estar intrigado por dónde “sale” la escritora en la próxima entrega, es como el malabarista que te sorprende por donde y cuando menos esperas.

    Le gusta a 1 persona

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