LA BALLENATA RENATA

 

Renata

Cuando Florinda, la ballena  más pizpireta y más floreada de todo el océano Atlántico, ligó con el balleno Floro, famoso por su afabilidad, y, la verdad sea dicha, por su nombre,  todos sus amigos y conocidos les felicitaron, al tiempo que bromeaban sobre el hecho de que sus hijos ballenatos probablemente se llamaran Violeta, Margarita o Rosa, en el caso de hembras, o Narciso o Jacinto, en el caso de ser machos.

Sin embargo, y quizá por llevar la contraria, Florinda y Floro tuvieron un primer ballenato al que llamaron Pascual, y, cuatro años después, una pequeña ballenata a la que pusieron por nombre Renata.

El ballenato Pascual era grande y serio,  de sobrio color gris y expresión serena. Se hizo a la mar, como dicen las ballenas, en que pudo, junto con un grupo de amigos, y nunca se supo de él.

Sin embargo, Renata hizo honor a su herencia y resultó ser una ballenata muy florida. A su madre le hizo mucha gracia; a su padre, no tanto. Cuando fue lo bastante mayor para darse cuenta de las cosas, descubrió que la cantidad de ballenas floreadas era más bien pequeña, por no decir sumamente escasa.

Contenta por ser tan original, Renata se dedicó a viajar con su madre y conoció muchos lugares. Lo que nunca pudo ser capaz de imaginar es que acabaría siendo una ballena ornamental.

Un día, Renata descubrió que estaba harta de tanta agua.

—¿No podemos salir a tierra firme? —preguntó a Florinda, su madre.

—¡Qué dices! —Su madre parecía escandalizada; todo su orgullo porque su hija fuera floreada como ella se desvaneció en el mismo instante en el que se dio cuenta de que su hija estaba descontenta con su vida—. En tierra firme hay gente rara y peligrosa, como humanos y cosas así.

—Bueno, aquí hay tiburones y orcas.

—Que tienen que alimentar a sus hijos —repuso su madre con gravedad. Renata se quedó perpleja: ¿desde cuándo su madre defendía a los tiburones y a las orcas?

—Claro, es cierto —se apresuró a decir para aplacar a Florinda—. Entonces, es mala idea ir a tierra.

—Muy mala idea —declaró su madre con contundencia, preguntándose dónde estaba Floro cuando se le necesitaba. El padre de Renata sin duda le quitaría esas ideas de la cabeza.

Renata suspiró y prosiguió su vida, preguntándose todos los días el porqué de su piel floreada. Como suele suceder en estos casos, fue el tiempo el que solucionó el asunto:

—Renata —le llamaron sus padres, muy contentos, un día, y ella se acercó nadando lentamente a ver qué querían—. ¡Vas a tener un hermanito!

—¡Un hermanito! —se sorprendió ella. Sus padres parecían muy ufanos con la noticia. De hecho, irradiaban felicidad, y siguieron irradiándola durante los meses siguientes, hasta que nació Macario, un ballenato gris y sonriente.

—¿Solo yo tengo flores? —preguntó Renata.

Su madre no se encogió de hombros porque las ballenas no tienen hombros, pero puso cara de indiferencia.

—¿Por qué tengo flores? —insistió Renata—. ¿Por qué soy distinta?

—Yo también soy distinta y no hago un mundo de ello —replicó su  madre—. No veo dónde está la importancia.

—Es que igual soy una ballena de tierra.

—Las ballenas están hechas para el agua.

—Pero mamá, ¿y esta especie de lazo que  me ha salido por arriba?

—¿Qué dices? ¿Qué lazo? —Florinda dejó de amamantar a Macario para observar que a su hija le había crecido algo parecido a una cinta en la parte superior del cuerpo—. Oh, qué extraño.

—Y tan extraño.

—Parece de esas cintas de colgar… Vas a ser una ballenata ornamental. Hay que decírselo a tu padre.

—¿Una qué? —Renata, asustada, no sabía de qué le hablaba su madre, y ella se apresuró a tranquilizarla.

—No es algo malo. Es solo que tenías razón en que tu lugar no es el agua.

—¿Ah, no? —Contenta por tener razón, Renata no se dio cuenta en ese momento de que eso era una despedida.

—Hablaremos con tu padre, él sabe cómo ir a tierra.

—¿Iré a tierra…? Pero, entonces, ¿y vosotros?

—Oh, puedes visitarnos en sueños, no hay ningún problema, pero cuando estés en tierra estarás contenta.

—¿Y tú? ¿Y papá?

—Nosotros estaremos contentos de haberte colocado. Tu hermano Pascual va por ahí a su aire muy contento y pronto tú serás una estupenda ballena ornamental.

—No sé qué quiere decir ornamental.

—Quiere decir que adornas y alegras un lugar. Por eso llevas esa cinta. Te buscarán un lugar para colocarte, no te preocupes. La última ballena ornamental que conocí se lo pasó pipa.

—Ah.

—Claro que no era floreada —murmuró su madre, pensativa. Renata también se quedó pensativa. Y más pensativa se quedó cuando sus padres, más tarde, la llevaron a la ballena hechicera. La ballena hechicera le repitió que era una ballena ornamental y que sería más feliz cuando encontrara su lugar en el mundo.

Renata se despidió con alegría, pues las demás ballenas parecían contentas por ella, y pronto sintió que se dormía profundamente.

Despertó envuelta en un papel de regalo.

Qué cosa más rara.

¿Qué debía hacer ahora?

Pero no le dio tiempo a pensar: el papel se rasgó y la fuerte luz  del exterior le hizo parpadear.

A continuación, se oyeron gritos de alborozo.

Cuando los gritos de alborozo acabaron, le buscaron un lugar donde colocarla.

Ahora entiendo lo de la cinta, se dijo Renata.

Y así, pasó a decorar una casa. La de Pili, para ser exactos.

5 de abril 2016

Renata en puerta

Ballena Renata:

Acerca de piligonzabar

Escritora que divaga habitualmente sobre misteriosos sucesos acontecidos en la vida real. Mi equipo de redacción y edición queremos advertirles que somos poco serios. Ver todas las entradas de piligonzabar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s