EL REGRESO DEL PADRE IBICENCO

Estrictamente hablando, el citado padre no era ibicenco ni mucho menos, simplemente fue de vacaciones a Ibiza, como tantos padres. Sin embargo, escribir “el regreso del padre que estaba de vacaciones en Ibiza”, es demasiado largo, y, a mi juicio, estúpido.

De modo que nos quedamos con ibicenco. Por los que no sean de España explicaré que ibicenco significa procedente de Ibiza, isla del archipiélago balear, en el Mediterráneo. También se refiere al dialecto que hablan allí, pero eso no viene a cuento.

En lenguaje coloquial, si a un amigo que regresa de un viaje a Francia, por ejemplo, le llamo mi amigo el franchute, nadie se sorprende, aunque el amigo haya nacido y vivido en Salamanca toda su vida. Pasado un tiempo prudencial, se pasa nuevamente a llamarle por su nombre de pila sin que nadie se ofenda o se extrañe por ello.

Una vez explicado por qué llamo ibicenco a alguien que vivía en Zaragoza y nació en Pamplona, procedamos a contar nuestra historieta:

El citado padre era un jubilado que se fue a Ibiza una semana de vacaciones. Hasta ahí, todo muy normalito. Dicho señor se paseó por la playa, tomó helados, absorbió el sol, se bañó en el mar, hizo castillos de arena y se fue de excursión con sus compañeros de viaje.

Obviamente, ni se aburrió ni lo pasó mal. Más bien estuvo muy a gusto.

Volvió, pues, de vacaciones. Asombrosamente, lo hizo en vuelo directo a Zaragoza, su ciudad de origen. Los que son de fuera no entenderán a qué me refiero con  lo de asombroso, así aclararé que en Zaragoza hay un aeropuerto técnicamente adecuado y bien situado del cual salen pocos vuelos que no sean comerciales; el usuario tiene que perder un día entero, del cual no se suele estar sobrado, para ir a Barcelona/Madrid. Bastante absurdo se mire como se mire.Yo no entiendo dónde está el misterio. Hay largas discusiones al respecto en Internet, el que esté interesado que lo mire.

Así pues, nuestro jubilado llegó al aeropuerto del Zaragoza y se ahorró un taxi porque a un compañero de viaje le había venido a buscar un  hermano suyo, de modo que fueron todos juntos.

El citado jubilado llegó a casa, donde no había nadie porque la única hija que vivía con él estaba trabajando, y dejó la maleta en medio del pasillo, pensando que ya la desharía luego. Se tumbó en el sofá y echó lo que suele llamarse una cabezadita. Cuando acabó la citada cabezadita, nuestro jubilado fue a su dormitorio y allí encontró esto:

No nos moverán 1

 

Lógicamente, pensó que alguno de sus hijos le había preparado esta broma. Que los peluches que normalmente adornaban varias habitaciones de la casa se hubieran congregado en su cama para reclamar el espacio… No tenía claro si reclamaban la cama o el dormitorio, sin duda habían estado muy anchos cuando él no estaba… En fin, era gracioso, lo reconocía. De modo que cogió el teléfono y llamó a uno de sus hijos (tenía varios). El hijo le preguntó por el viaje y le contó cosas de su trabajo. El jubilado le dijo que muy buena la broma. Pero no, este hijo aseguraba ser inocente y parecía sincero.

El siguiente paso fue llamar a una de las hijas. Esta estaba currando pero cogió el móvil. También preguntó por el viaje y el jubilado casi se olvida de preguntar por lo que había encontrado al llegar a casa, pues comenzó a contarle a la hija lo difícil que era avanzar por un aeropuerto abarrotado llevando una maleta, una bolsa al hombro y varias voluminosas ensaimadas en brazos, dispuestas en torreta. Finalmente preguntó por los peluches belicosos, pero esta hija tampoco había sido.

—¿Seguro?

—Seguro, si hubiera sido yo me estaría riendo.

—Claro, es verdad.

Decidido a aclarar el misterio, nuestro padre jubilado llamó al resto de sus hijos, pero ninguno confesó haber sido el autor material de la presunta broma. Estaba irritándose por momentos, a pesar de que se decía a sí mismo que era absurdo irritarse por algo tan tonto. Seguramente, caviló, pronto uno de los hijos confesaría haber sido él y se partiría de risa a sus expensas.

—Ten hijos para esto —murmuró para sí mismo, y recogió la maleta que seguía en el pasillo. No le hacía ninguna gracia ponerse a recoger ahora y menos gracia aún le hacía tener que poner la lavadora, pero tendría que hacerlo tarde o temprano.

Se quedó en el umbral de la puerta del dormitorio. Con la maleta en la mano.

Esto es lo que halló:

No nos moverán 2

 

Pilar Gonzábar

Acerca de piligonzabar

Escritora que divaga habitualmente sobre misteriosos sucesos acontecidos en la vida real. Mi equipo de redacción y edición queremos advertirles que somos poco serios. Ver todas las entradas de piligonzabar

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