COMO SER UNA VACA PELUDA SIN MORIR EN EL INTENTO

vacas-conversandob

A los que, como a mí, les gusten los peluches, les encantarán las vacas peludas, divertidos bovinos pertenecientes a una  raza escocesa de las Highlands. Al igual que la región que les vio nacer, nuestras queridas peludas highlanders (y peludos, es que hay muchas más vacas que toros), son rústicas, fuertes por fuera y dulces por dentro. Les gusta estar al aire libre y se ríen de las inclemencias del tiempo. De hecho, se codean con el frío, el viento  y la humedad constantemente. Solo tienen una pequeña pega, y es que a veces se les hacen nudos en el pelo.

Llegados a este punto, Eloísa, vaca peluda de la derecha en la foto, me señala que tienen DOS pequeñas pegas. Una, como se ha dicho, es la dificultad para peinarse. Normalmente, los ganaderos no van buscando vacas por las agrestes colinas llenas de arroyos de Escocia con un peine y un cepillo, de lo que se deriva que las vacas van desgreñadas todo el tiempo. Cuando se trata de toros el asunto es más serio pues estos tienen la desagradable costumbre de mirar mal a todo el que no sea una vaca, y como tienen unos cuernacos de impresión pues solo se les acerca alguien por necesidad y nunca para charlar un rato.

Como decía, Megan considera que su raza, de la que se siente muy orgullosa, aún más cuando se enteró de que es una de las razas más antiguas del mundo, tiene otra pequeña pega, consistente en que el flequillo solo les deja ver la hierba y poco más. Se supone que este accesorio piloso sirve para protegerse de los insectos en las zonas húmedas, pero en algún ejemplar su longitud parece excesiva.

Megan no parece muy convencida cuando le digo que los caballos tienen largos flequillos y que muchos perros pastores también. Ella insiste en que alguien podría recortarle un poco los pelos de encima de los ojos. Al oír esto Iona, que tiene el flequillo más corto, interviene diciendo que bueno, estaría bien que se lo cortara, pero que no se vaya a creer que va a ver otra cosa que no sea hierba y más hierba.

Las vacas de la foto forman parte de un grupito que se lleva muy bien. Suelen pastar mirando al fiordo, y rara vez van en busca de emociones fuertes. Por eso alucinaron en colores cuando se les acercó una vaquilla y les preguntó por el toro.

—¿Qué toro? ¿Duncan?—preguntó Iona, perpleja.

—¿Es que hay otro? —La joven vaca está absolutamente pasmada.

—Bueno —Iona miró a Megan, que había dejado de masticar—, nosotras solo conocemos a Duncan. Pero ahora no toca ir a verle.

—¿Cómo que no toca?

—Nos visita cuando toca.

—¿Y cuándo toca?

—Ya los sabrás en su momento —dijo Megan, volviendo a masticar de nuevo. Su compañera también había decidido dejar la conversación ahí cuando la vaquilla, llamada Elsie, insistió:

—Es que yo quiero ir a verle. No sé por qué solo las mayores lo conocéis. ¿Y si no viene?

Las dos vacas mayores se miraron, perplejas: hasta el momento, el toro las visitaba exactamente cuando ellas querían que les visitase. Nunca les había preocupado que este hecho no pudiera suceder.

—Igual no sabe que existo —gimió Elsie.

—Igual es que piensa que es joven —murmuró Iona, preocupada.

—Voy a ir a buscarlo —declaró Elsie con firmeza—, ¡lo necesito!

—Entonces debes ir —declararon las dos vacas, muy convencidas, moviendo gravemente la cabeza.

—¿Le parecerá mal?

—No creo —intervino una vaca de color claro que se había acercado a cotillear—, es muy amable y siempre está encantado de vernos.

—Ah, estupendo —dijo Elsie; acto seguido  quiso información sobre el lugar donde pastaba el toro. Se quedo muy frustrada cuando sus compañeras no supieron decírselo.

—Siempre viene él —se excusó Megan. Elsie le miró como si pensara que era una vaga.

—Lo sabrá el granjero —murmuró Iona—. Pero claro, él nunca habla con nosotras.

—¡Lo sabrá Peludo! —exclamó de pronto, asustando a todas, , la vaca de color claro. Estaba muy satisfecha por su agudeza.

Elsie, por su parte,  estaba aliviada. Peludo era el perro más viejo de la granja, y lo sabía todo. de hecho, hasta distinguía a las gallinas y se sabía el nombre de todas ellas. Un conocimiento absurdo, pero que daba muestras de su inteligencia, pensaban las vacas.

Trotando alegremente, Elsie se fue a buscar a Peludo.

—¡Esta juventud! —murmuró Megan, y siguió pastando.

vaca-escocesa-4

Acerca de piligonzabar

Escritora que divaga habitualmente sobre misteriosos sucesos acontecidos en la vida real. Mi equipo de redacción y edición queremos advertirles que somos poco serios. Ver todas las entradas de piligonzabar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s