NEGOCIANDO EL RESCATE DEL COMPLEMENTO NOCTURNO

La operación LICOR estaba en marcha.

—¡Hay que rescatarla! —gritó Asun en pie de guerra—. ¡Esto no se puede consentir!

Pilar empujó el carro y miró, nerviosa, alrededor.

—Cuidado —dijo—, no nos vayan a oír.

—Sí —añadió María—, no creo que tengan espías en cada esquina pero nunca se sabe.

Salieron de la lencería, donde habían dejado el carro con la ropa, y se encaminaron al ascensor para ir a la UCI Q, donde estaba retenida su compañera.

Para los despistados que no se han leído todavía la primera parte, es esta:

https://pilargonzabar.com/2016/12/04/el-secuestro-del-complemento-nocturno/

grupo-rescatadoras-1

Hay que aclarar que la operación LICOR no tenía nada que ver con bebidas alcohólicas, es más bien que resultaba cómodo de recordar, ya que el verdadero nombre de la operación de rescate, así como del grupo de rescatadoras, era este: Liberación del Complemento nocturno Retenido.

LICOR en adelante.

El grupillo de liberación constaba de tres componentes: Asun, una auxiliar con fama de guerrillera que había querido acudir a las negociaciones a toda costa; Pilar, una auxiliar de Cantavieja famosa por sus dotes de moderación, y María, que como era la que había recibido los mensajes de las secuestradoras, reclamaba su lugar en el grupo.

El grupo era pequeño para poder actuar con más discreción. Habían llevado el carro a lencería como excusa para salir de la planta y debían proceder rápido antes de que su ausencia pareciera demasiado larga. Por si acaso, Emi y Marta habían quedado arriba, en la planta, encargadas de dar excusas plausibles si alguien preguntaba demasiado.

Al llegar a la UCI, alguien que se identificó como la portavoz de las secuestradoras, las hizo pasar al vestuario para hablar sin ser vistas.

—¡Esto es intolerable! —comenzó Asun de nuevo, y Pilar le dio un codazo para que se calmara y dejara hablar a la portavoz, que llevaba gorro y mascarilla quirúrgica, así como unas gafas de protección, todo para no ser reconocida.

—¿Dónde está nuestra compañera? —preguntó María—. Queremos verla y que nos diga que está bien.

—Vuestra compañera está más que bien —aseguró la portavoz en tono despectivo, sujetándose bien la mascarilla.

—¡Queremos verla! —Asun empezaba a alterarse de nuevo y la secuestradora se encogió de hombros.

—Deberíais oír nuestras exigencias primero —replicó en tono seco.

—¡De eso nada! —ahora era Pilar la alterada—: ¡en todas las películas primero hay que demostrar que el secuestrado está bien!

—¿Pero qué os habéis creído? ¡No vamos por ahí torturando a la gente!

—Demuéstralo —le exigieron.

La secuestradora se encogió de hombros, sacó un móvil del bolsillo y llamó a alguien.

—Vale —dijo tras una breve conversación. Colgó y se guardó el móvil de nuevo—. Vamos, seguidme— les dijo al grupo LICOR, cuyos componentes la miraban con bastante desagrado. Ella, indiferente, (al parecer, pues no se le veía el rostro), a sus miradas asesinas, se asomó a la puerta, comprobó que no había nadie por los pasillos, y las llevó, con gran sigilo, hasta un almacén, donde llamó a la puerta como si en una película de espías se tratara: tres golpes cortos y dos largos.

—Cuánta bobada —dijo Pilar—. Si estuviéramos en mi pueblo…

—¡Ssshhhh! —le chistó la secuestradora, y las hizo entrar a un gran almacén lleno de material sanitario. Allí, dos secuestradoras más, ambas con gorros, mascarillas y gafas, se apartaron a un lado y apareció, sana y salva, (o al menos sonriente), Elena.

—¡Bonica! —exclamó Pilar, intentando llegar a ella, pero las secuestradoras lo impidieron.

—¿Qué te han hecho? —preguntó Asun, a la que una secuestradora cogía del brazo.

—¿Estás bien? —preguntó María—. ¿Te tratan bien?

—¡Chicas! —exclamó Elena—. ¡Cómo me alegro de veros…! —quiso seguir hablando pero las secuestradoras se lo impidieron.

—¡¡Ya basta!!

—¡¿Cómo que ya basta?! —se indignó el comando LICOR en pleno.

Las secuestradoras se cruzaron de brazos, colocándose delante de Elena, y sorprendente y admirablemente, hablaron a la vez como si de  trillizas se tratara:

—Ahora vais a oír nuestras exigencias.

Continuará…

El final en la siguiente entrada (prometido)

NOTA DE LA DIRECCIÓN: Recordamos que nada de lo que se escribe en este blog es en serio. Por tanto, los trabajadores de la UCI son buena gente y no se dedican a secuestrar a la peña (que sepamos), y, a día de hoy, ninguna gamberrada que se pueda leer aquí ha sido llevada a la realidad.

Al menos, eso creemos.

 

Acerca de piligonzabar

Escritora que divaga habitualmente sobre misteriosos sucesos acontecidos en la vida real. Mi equipo de redacción y edición queremos advertirles que somos poco serios. Ver todas las entradas de piligonzabar

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