EL ESTRÉS DE LA APLICACIÓN

Ross no puede dormir 2

La foto de cabecera no muestra a Ross echando una siesta y escuchando su música favorita. Nada más lejos de la realidad. Su significado real es bastante menos agradable, pues el pobre lo que realmente está es intentando dormir, y por eso lo del antifaz, para evitar la luz, y lo del MP4, en el cual suena una música relajante  para inducir el sueño.

Normalmente Ross duerme como un leño. Te lo sueles encontrar en el sofá desparramado con el mando de distancia de la tele en la mano y dormido, y cuando le preguntas que si ha estado haciendo cosas más importantes que vaguear asegura que sí. En fin. Quizá es que soy  algo incrédula, pero cada día hay que insistir más para que haga sus tareas. Como secretario mío, lo menos que se le pide es que revise el correo electrónico, pero ahora mismo acabo de descubrir que tengo 457 mensajes sin leer.

Sin comentarios.

Volviendo al tema del insomne, nuestro querido Ross declara que se trata de estrés. Ante la pregunta de qué le estresa exactamente, contesta que las aplicaciones. Seguramente todo quedará mejor explicado con el siguiente diálogo:

—¿Qué haces ahí? —pregunto al encontrarlo en mi cama de esa guisa—. Y quítate ese antifaz para hablar conmigo.

—¿Eh? —Obviamente no se enterado de nada porque lleva los cascos puestos. Así es que se los quito y protesta.

—¿Qué haces en la cama a estas horas con antifaz y cascos?

—¡Tú qué crees! ¡Intento dormir!

—¿Por eso el antifaz y la música? Espero que por lo menos sea música relajante.

—La música la he copiado de un archivo tuyo que decía música para dormir, o sea que si no es música relajante la culpa será tuya…

—Sí, por supuesto… ¿Y te pones a dormir en pleno día?

—¡No he dormido en toda la noche! ¡Estoy muy estresado!

—Increíble —musito, sentándome en el borde de la cama para digerir la impactante noticia—. ¿Y qué te estresa, según tú?

—Esas dichosas aplicaciones, que me persiguen.

—¿Qué? ¿Qué aplicaciones?

—Las del móvil. Estoy harto de ellas.

—No te entiendo.

—Me descargué una aplicación para oír música, otra para las fotos, otra para agenda, otra para saber cuándo llega el bus…

—¡Si tú no coges el bus! —interrumpo—. ¡Entre otras cosas porque no sales de casa!

Ross se defiende. A mí se me está agotando la paciencia.

—Todas mis amistades tienen la aplicación del bus —argumenta—. También me puse otra para comprar en Internet, y otra para hacer la lista de la compra, y una con la lista de las amistades…

—Bueno, bueno, está bien: tienes muchas aplicaciones y eso te agobia, pero solo tienes que desinstalar las que no empleas y se acabó el problema.

—¡Eso te crees tú! Me instalé una aplicación que me recomendaron que se llama gestor de aplicaciones, y entonces me gestiona ella, pero no estoy nada de acuerdo en cómo lo hace…

—¡Ross!  —grito, ya harta del tema—. ¡Quítate todas esas malditas aplicaciones y olvídate del tema!

—¿Ves? —dice, triunfante—: a ti también te estresan—. Dejándome con la boca abierta, se coloca de nuevo el antifaz y los cascos. Suelto un bufido y salgo del cuarto. Mientras salgo, oigo que murmura:

—Quizá debería descargarme la aplicación gestión del estrés. Parece  interesante.

Pilar Gonzábar

Acerca de piligonzabar

Escritora que divaga habitualmente sobre misteriosos sucesos acontecidos en la vida real. Mi equipo de redacción y edición queremos advertirles que somos poco serios. Ver todas las entradas de piligonzabar

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