LA COBAYA PARRANDERA

Cobaya Leia 3B

Pudiera parecer raro que una cobaya que vivía en una jaula tuviera la osadía de irse a dar un voltio y regresar cuando le viniera en gana, tras haberse divertido a saber cómo,  sin gran remordimiento por su parte. Sin embargo, esa cobaya hizo precisamente eso y se quedó, según cuentan, tan pancha.

La susodicha cobaya, de nombre Leia, (como la princesa famosa de las ensaimadas), se escabulló a vivir una aventura en que tuvo ocasión. Se desconoce  si su actuación fue planificada. De hecho, aún hoy, que ha pasado bastante tiempo, se preguntan los conocedores de la historia si hubo premeditación y alevosía o no.

Para los que no conozcan los hechos, que supuestamente son la mayoría de los mortales, Leia aprovechó para largarse de juerga cuando los habitantes de la casa se habían ausentado unos días para irse de vacaciones. Al parecer, el animalito aprovechó el descuido de la cuidadora )contratada para alimentarla y de paso limpiar la jaula). Contado así, parece que se fugara cuando la puerta estaba abierta, echando a correr en cuanto vio un resquicio de libertad,  pero no fue así exactamente; de hecho, a Leia se le invitó deliberadamente a salir de su habitáculo para dar un paseo por el salón. Ella estaba acostumbrada a estos paseos,  eran habituales en su vida; solía salir, darse unas vueltas y volver cuando se cansaba.

Así pues, mientras le limpiaban la jaula, la cobaya se dio sus acostumbrados garbeos por el salón, olisqueó muebles y objetos varios y estiró sus cortas patas. Su cuidadora acabó de limpiar y  le puso comida, luego, fue a la cocina a buscar pimientos.

No había nada más sabroso para Leia que un pimiento fresco. Dicen que era porque necesitaba vitamina C, pero ella se relamía y lanzaba grititos cuando veía/olía un pimiento… como si de una tarta de chocolate se tratara.

La cuidadora regresó de la cocina con un plato donde llevaba unos trozos de pimiento rojo y  verde. Según aseguró después, tuvo gran cuidado al entrar  y al salir del salón (más que por temor a que Leia escapara corriendo pasillo adelante, por miedo a darle un pisotón).

Leia se alegró mucho al ver los pimientos y se abalanzó sobre ellos.

Viéndola satisfecha, la cuidadora se puso a “guasapear” felizmente con su novio.

El tiempo fue pasando.

Mirando el reloj, la cuidadora decidió que ya estaba bien de paseos cobayeros.

Miró el plato de pimientos y lo halló vacío.

Miró la jaula y constató que estaba igualmente vacía.

Miró debajo de la mesa.

Miró debajo del sofá.

Miró debajo y sobre cada mueble.

Sudando por el esfuerzo y la preocupación, la cuidadora intentó serenarse. El problema era que tenía que irse a su otro trabajo temporal y no quería dejar a la cobaya por ahí campando a sus anchas.

Tras pensarlo un poco, llegó a la conclusión de que la cobaya no corría peligro, así que se marchó cerrando la puerta del salón tras ella cuidadosamente.

Al salir del trabajo la cuidadora regresó, se encomendó a San Francisco, patrón de los animales, y entró al salón.

Se repitió de nuevo la jugada de horas antes: búsqueda por aquí, búsqueda por allá… La cobaya seguía sin aparecer y la cuidadora empezaba a desesperarse. Fue a la cocina a por unas hojas de lechuga para tentar a Leia y las dispuso en un plato. Siguió mirando por debajo de los muebles y cuando volvió a mirar el plato de lechuga, no había ni rastro del vegetal… Ni de la cobaya.

Las pesquisas continuaron con redoblado esmero pero fue inútil, pues la cobaya no se dignó hacer acto de presencia.

Perdida la esperanza, la cuidadora se derrumbó en el sofá, sin poder creer que aquello no fuera una especie de sueño/pesadilla de humor negro. Como último y desesperado intento decidió hacer una inspección  final dentro de la caseta de Leia, a pesar de que había mirado ya unas cinco veces… Atónita, le pareció ver un movimiento. Se tumbó en el suelo y se asomó esperanzada: al fondo de la caseta, apretada en un rincón, con los ojos muy abiertos, Leia la contemplaba con una sonrisita divertida.

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Acerca de piligonzabar

Escritora que divaga habitualmente sobre misteriosos sucesos acontecidos en la vida real. Mi equipo de redacción y edición queremos advertirles que somos poco serios. Ver todas las entradas de piligonzabar

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