MANOLO NIEVE VUELVE POR NAVIDAD

 

Feliz Navidad muñeco 2017

Como el año anterior, al llegar diciembre, el señor Manuel Nieve, más conocido como “Manolo el moñaco”, hizo su aparición estelar en el control de enfermería de la planta 6 de un conocido hospital zaragozano. Esta planta, como saben todos los que nos leen, es famosa por su actividad paralela inusual: no es raro que extraños objetos cobren vida, o que aparezcan seres que nadie sabe qué son. Todavía hay gente buscando el famoso agujero negro del almacén que lleva al Artigas (léase MARILUZ Y LOS LAVADORES DESAPARECIDOS, del libro de relatos DESATINOS VARIOS)

Manuel Nieve, en adelante Manolo a secas, por abreviar y sin perder el respeto a tan entrañable personaje, se disponía a colocarse sobre el mostrador del control, pero el año pasado se había caído varias veces de allí, siendo necesario reajustar sus partes, es decir, hacerle unos arreglillos, por lo que sus cuidadores decidieron reubicarle y quedó colocado encima de una mesita junto al citado mostrador, en vez de encima.

Aparecer Manolo en la planta y reinar lo que comúnmente se llama buen rollo fue todo uno, lo cual no tiene nada de extraño, pues para eso, para animar el ambiente y que reinase la alegría y la camaradería, fue concebido.

Todo el mundo se hacía fotos con él: personal del hospital, enfermos y familiares. Solo hubo constancia de algunas quejas, rápidamente ignoradas, por los celadores que sacaban las camas que iban a quirófano, pues Manolo estaba en el pasillo y en este ya se encontraban diversos carros y aparatos.

—¿Pero es el mismo moñaco que el año pasado? —preguntaron varias personas, mirándolo atentamente, la primera vez que hizo su aparición en diciembre de 2017.

—Sí, es el mismo.

—No, es otro.

—Es el  mismo con otro sombrero.

—Qué va, es otra bufanda, te saco la foto cuando quieras.

—Yo creo que no es exactamente igual.

—Te digo que sí.

—Que no, los ojos son distintos. ¿No lo ves?

Manolo suspiró: le parecía increíble, que, aunque el aspecto fuera algo distinto, no se dieran cuenta de que ÉL era el mismo. El mismo espíritu alegre y la misma sonrisa.

Menos mal que se acercaba la noche y podía darse un respiro. La sesión de fotos había sido agotadora y quería irse a buscar un café de la máquina. La noche pasada había entablado conversación con un señor que se estaba sacando un descafeinado de la citada máquina. El señor, con pijama y bata azul, llevaba un misterioso y enorme suero colgado en un palo con ruedas.

—Es descafeinado y sin azúcar —le aseguró a Manolo, como si se defendiera, mostrándole su vaso humeante.

—No se preocupe: no formo parte del personal.

—Ah… ya decía yo.

El señor se marchó con su café, su palo con ruedas y su misterioso enorme gotero y Manolo se sacó un capuchino con la moneda que le habían dado sus cuidadores.

No es una mala vida, pensó.

collage navidad 222

Pilar Gonzábar, 2017

Acerca de piligonzabar

Escritora que divaga habitualmente sobre misteriosos sucesos acontecidos en la vida real. Mi equipo de redacción y edición queremos advertirles que somos poco serios. Ver todas las entradas de piligonzabar

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