UNA OVEJA NEGRA EN MI MOCHILA

Oveja negra mochila

Pues un buen día fui a coger mi mochila vaquera para irme al curro y va y me encuentro una oveja en ella. Así, como si tal cosa. Esto en sí no es noticia, pues todos sabéis que los peluches de compañía de mi casa campan a sus anchas e invaden constantemente el espacio vital sin gran consideración.

Lo asombroso del hecho era que esta oveja no solo no la había visto nunca, sino que era completa y absolutamente negra. Tenía ovejas blancas, alguna de patas y morro negro e incluso una marrón, pero no tenía una negra, por lo cual no podía usar la famosa frase “la oveja negra del rebaño”, ya que no la tenía.

Pues bien, la verdad es que me sentía entusiasmada: ¡al fin tenía mi oveja negra!

O al menos, eso parecía. ¿Habría venido a quedarse?

A primera vista, parecía querer establecerse, ya se había colocado en el asa de la mochila por medio de una arandela tipo llavero.

—Hola —dijo entonces la oveja.

Me quedé estupefacta.

—Espero no  molestar.

Yo seguía estupefacta, pues mis ovejas balan. Cierto que las comprendo pero no recuerdo si alguna vez han hablado. Yo juraría que no.

—Eh… no. De hecho estoy encantada de tener, por fin, una oveja negra.

La oveja movió la cabeza en actitud comprensiva.

—No me extraña . —La oveja se recolocó la argolla metálica que la sujetaba a la mochila y preguntó dónde estaba la gente.

Tardé un poco en responder, ya que al principio no comprendí que se refería a las otras ovejas.

—Durmiendo. Se levantan tarde a desayunar.

—Hum —murmuró la oveja en tono de leve reproche.

—Tengo que ir a currar —dije entonces, pues lo cierto es que debía salir ya de casa.

—Estoy listo —aseguró el nuevo inquilino. Como dijo listo, y no lista, llegué a la conclusión de que definitivamente era un ovejo, y no una oveja. Ya me lo había parecido por la voz grave, pero hoy en día no se sabía.

Hay que tener en cuenta que la palabra ovejo no está en el diccionario, pero con todo este rollo que hay ahora con el género de las palabras (me refiero a miembros, miembras, portavoces,  portavozas, etc) pues digo ovejo y ya está.

—¿Tienes nombre o tengo que buscarte uno? —pregunté a mi espalda, pues ya salía de casa con la mochila colgada.

—Me llamo Loki.

Sonreí al espejo del ascensor: así que le gustaba Marvel.

Íbamos a llevarnos muy bien.

 

Acerca de piligonzabar

Escritora que divaga habitualmente sobre misteriosos sucesos acontecidos en la vida real. Mi equipo de redacción y edición queremos advertirles que somos poco serios. Ver todas las entradas de piligonzabar

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