MINIMÍZAME

Minimízame final

Minimízame, te dicen.

Dicho sea así, de modo tan brusco y general, lo de minimizar suena mal, desde luego. Parece que si se lo dices a alguien estás insinuando que no vale un pepino o que lo vas a menguar, en cualquier caso lo empequeñeces, ya sea de modo físico,  virtual o psíquico.

No obstante, hoy en día hay que minimizar muchas cosas para ver lo que hay detrás. Si realmente quieres tener una visión clara de cómo funciona el asunto, tienes que minimizar, ya sea a ti mismo o al prójimo con el cual compartes el ordenador. Por eso es que cuando te levantas de la silla en la cual llevas media hora escribiendo porque no tienes más remedio que levantarte, aparece siempre alguien gritando “¿Está libre este ordenador?”.

Quieras o no, no puedes evitar irritarte, aunque el otro no tiene la culpa de tener que compartir el ordenador contigo, desde luego. El caso es que tú, aunque te hayas levantado de la silla, en realidad no has acabado. Solo que tienes que hacer otras cosas que no pueden esperar, y cerrar los documentos a medias nunca ha sido una buena idea. De modo que adviertes en tono seco: “No me cierres. Minimízame”.

Ahí estás, no solo dando permiso sino prácticamente exigiendo ser minimizado para no perder nada. Y observas en la parte inferior de la pantalla que, menos mal, tu trabajo aún sigue ahí.

Qué alivio. Podrás seguir currando con lo que estabas haciendo (no es que te haga mucha ilusión pero hay que hacerlo)

Claro que…

Emoticono pensativo

Pensándolo bien… en realidad existe otro concepto del minimizamismo…

Según cuenta la leyenda hay gente que emplea su tiempo en el ordenador del curro mirando viajes a las Bahamas o buscando una chaqueta polar en Amazon que haga más esbelto …

Que conste que son solo rumores.

Es mejor no hacer caso a estos absurdos bulos, aunque si se tiene que creer que existen estas personas, pues entonces el minimizamismo se convierte en una simple cuestión de supervivencia. Si aparece el jefe de improviso y el currante tiene abierta la página con las ofertas del más barato bungalow en la playa jamás hallado, el compañero más cercano gritará:

—¡¡Viene el jefe!!

Este es un buen compañero, alertando del peligro. Y ya que el susodicho currante no está en ese momento pegado al ordenador, sino charlando por el móvil al otro lado de la estancia, el grito siguiente en oírse por parte del afectado será:

—¡Rápido, minimízame!

—No, mejor te cierro.

—No, que luego tengo que buscarlo otra vez.

—Está bien, te minimizo.

—Gracias.

—De nada.

Y ahí estamos, dando las gracias por ser minimizados.

Qué fuerte.

 

 

Pilar Gonzábar

Acerca de piligonzabar

Escritora que divaga habitualmente sobre misteriosos sucesos acontecidos en la vida real. Mi equipo de redacción y edición queremos advertirles que somos poco serios. Ver todas las entradas de piligonzabar

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